lunes, 28 de julio de 2025

 "La normalización del chantaje: una enfermedad que corroe desde lo más alto hasta lo más cercano"

Vivimos tiempos donde el chantaje, la amenaza y la extorsión se han convertido en moneda corriente. Lo más inquietante no es que existan —porque siempre han existido—, sino que los veamos como parte natural de la vida social, comunitaria, política y hasta personal. Como si no hubiese otra forma de resolver los desacuerdos, de exigir lo justo o de lograr beneficios.

Desde las organizaciones de base, donde uno esperaría encontrar solidaridad, cooperación y sentido de comunidad, hasta las altas esferas del poder político y estatal, el chantaje se presenta en sus múltiples formas: “si no me apoyas, me encargo de destruirte”; “si no me das lo que quiero, haré pública esta información”; “si no guardas silencio, vendrán consecuencias”. Frases disfrazadas de advertencia, que en realidad son herramientas de manipulación emocional y social.

Es grave que lo hayamos normalizado. Que callemos por miedo. Que negociemos principios. Que dejemos pasar “por no hacernos enemigos”. En nuestros barrios, en los espacios comunales, en nuestras familias incluso, la cultura del chantaje se infiltra disfrazada de “realismo”, de “sabiduría popular” o de “estrategia”. Pero no es otra cosa que una forma de violencia, una herramienta para perpetuar abusos de poder y callar voces incómodas.

¿Desde cuándo nos pareció lógico que alguien tenga que pagar —con dinero o con lealtad ciega— por su derecho a expresarse, a disentir, a construir comunidad? ¿En qué momento decidimos que el miedo era una forma aceptable de autoridad?

Es hora de romper ese ciclo. El silencio ante el chantaje no es prudencia, es complicidad involuntaria. Y no se trata de hacer escándalo, sino de tener la valentía de no ceder ante quienes utilizan el miedo como mecanismo de control. Se trata de construir espacios donde el poder no se ejerza desde la intimidación, sino desde el respeto y la transparencia.

La ética no puede ser opcional. Ni en las Juntas de Acción Comunal ni en el Congreso. Ni en una asamblea barrial ni en un ministerio. Y si aspiramos a una sociedad más justa, más humana, tenemos que empezar por desnaturalizar aquello que nos ha mantenido sometidos en nombre de la “astucia”.

Porque chantajear no es una forma de conseguir algo. Es una forma de perderlo todo.

 

Calles que gritan abandono: cuando la desidia se convierte en riesgo

La apariencia de un barrio no solo habla de estética, también grita su realidad social, económica y emocional. Las calles sucias, los parques deteriorados y los espacios públicos abandonados son mucho más que un problema visual: son un indicador de abandono institucional y comunitario que impacta directamente en la seguridad y la convivencia.

Un estudio del Banco Mundial titulado “Por qué las calles más limpias pueden ser más seguras” demuestra que la limpieza urbana no es un lujo, sino una estrategia de seguridad. En muchas ciudades del mundo, mejorar la infraestructura, el aseo y el entorno urbano ha sido clave para reducir delitos y mejorar la percepción de seguridad. Las calles limpias y bien cuidadas envían un mensaje claro: este lugar importa, y quienes viven aquí también.

Lamentablemente, esa no ha sido la historia de muchos sectores de nuestra comunidad. En el caso particular del Canal de los Ángeles y sus alrededores, el abandono progresivo de zonas verdes, parques y vías ha dejado un vacío que ha sido ocupado por la basura, el consumo de sustancias psicoactivas y el asentamiento de habitantes de calle. La ausencia de políticas públicas sostenidas, la falta de intervención oportuna y la indiferencia generalizada han generado un ecosistema ideal para el crecimiento de dinámicas de riesgo.

Donde hay basura, hay ratas. Donde hay oscuridad, hay miedo. Donde no hay presencia del Estado ni apropiación comunitaria, se impone la ley del más fuerte. El deterioro físico atrae el deterioro social: en los últimos años hemos visto cómo el aumento de basuras no solo contamina el paisaje, sino que ha reforzado un circuito de abandono que va desde la degradación ambiental hasta la criminalidad.

El canal, convertido en botadero y refugio, es hoy símbolo de un fracaso colectivo. Fracaso que se extiende también a los parques, calles y esquinas de nuestro barrio. Lo que antes podían ser espacios de contemplación o tránsito, ahora genera temor. Las familias evitan pasar por allí, los niños ya no juegan en los parques, los adultos mayores han sido expulsados o relejados simbólicamente de ese entorno. Y como si fuera poco, la criminalidad se alimenta de esa desidia: la venta de drogas, los hurtos y el consumo a cielo abierto no hacen más que profundizar la sensación de que el barrio ha sido dejado a su suerte.

Este no es un problema exclusivo de la institucionalidad: también es una alerta para los ciudadanos. Cuando los vecinos dejan de cuidar, de reportar, de participar, la delincuencia gana terreno. La seguridad no empieza solo con más policía, sino con más presencia de comunidad organizada. Recuperar un parque, instalar una luminaria, limpiar una esquina, pintar un mural: cada gesto de recuperación urbana es un acto de resistencia y dignidad.

La transformación empieza por reconocer que no hay soluciones mágicas, pero sí decisiones colectivas. Revertir el abandono requiere voluntad política, compromiso ciudadano y una nueva narrativa donde el espacio público vuelva a ser de todos y para todos.

Si queremos barrios más seguros, comencemos por hacerlos más limpios, más cuidados, más nuestros.

Amigos de los Alamos. https://amigosdealamos.blogspot.com

 

viernes, 20 de junio de 2025

¿CLUB DE APLAUSOS O MIEMBROS ACTIVOS? Una reflexión sobre el liderazgo social y la verdadera participación

 

En el camino del liderazgo social, muchos aprendemos —a veces con dificultad— que ser aceptados no es lo mismo que ser apoyados. Es natural querer que nuestra comunidad nos respalde, que las ideas que proponemos sean bien recibidas y que el trabajo realizado sea valorado. Sin embargo, cuando el deseo de caer bien se antepone al deber de actuar con coherencia y responsabilidad, corremos el riesgo de convertirnos en simples administradores de simpatías, y no en verdaderos agentes de transformación.

La trampa del aplauso

En espacios comunitarios, especialmente cuando se trata de juntas de acción comunal u organizaciones de base, es común ver cómo algunos liderazgos se rodean de un círculo de personas que aplauden todo, justifican todo y callan ante lo que debería cuestionarse. Ese “club de aplausos” puede parecer una fuente de fortaleza, pero en realidad puede debilitar el sentido crítico, alimentar el autoritarismo y anestesiar la capacidad de autocrítica.

Un liderazgo que sólo escucha elogios pierde el contacto con la realidad y comienza a gobernar para unos pocos, silenciando sin querer (o queriendo) la diversidad de voces que existen en la comunidad. Y lo más grave: puede terminar creyendo que el silencio es consenso y que el apoyo sin condiciones es compromiso.

Líder no es quien cae bien, sino quien construye colectivamente

Ser líder no es buscar popularidad, es sostener una visión clara del bienestar colectivo, aún cuando eso implique decisiones difíciles o enfrentarse a críticas. El liderazgo auténtico no se mide por el número de seguidores o de aplausos en una reunión, sino por la capacidad de convocar a todos, de escuchar a quienes piensan diferente y de transformar la crítica en diálogo.

Un afiliado activo no es quien siempre dice “sí”, sino quien pregunta, propone, exige rendición de cuentas y busca participar más allá de las asambleas. En ese sentido, debemos preguntarnos: ¿estamos rodeándonos de miembros activos o simplemente de personas que nos aplauden?

Aceptar la diferencia fortalece, no debilita

Todo liderazgo verdadero debe tener claro que las diferencias y los cuestionamientos no son amenazas, sino oportunidades para afinar el rumbo. Cuando un afiliado señala un error, cuando pide claridad sobre un presupuesto, o cuando cuestiona una decisión, no está saboteando el proceso: está ejerciendo su derecho y su responsabilidad como miembro de la organización.

No podemos aspirar a organizaciones democráticas si descalificamos la diferencia o buscamos silenciar al disidente. Si queremos comunidades fuertes, necesitamos liderazgos valientes que den la cara, escuchen, corrijan y sigan adelante con humildad y convicción.

Conclusión: ¿seguimos aplaudiendo o empezamos a participar?

Esta reflexión nos invita a mirar hacia adentro. ¿Estamos siendo líderes que construyen participación o simplemente recolectores de simpatías? ¿Estamos rodeados de voces que nos ayudan a crecer o de ecos que repiten lo que queremos oír?

En tiempos donde la confianza comunitaria es frágil y los retos sociales son profundos, la mejor forma de fortalecer nuestras organizaciones es dejar de temerle a la crítica y empezar a verla como una aliada. El verdadero apoyo no está en los aplausos, sino en el compromiso cotidiano, en la voz que propone, en la mano que colabora y en el pensamiento que construye.

lunes, 2 de junio de 2025

CAPITULO IX y X COMISIÓN EMPRESARIAL (modelo de estatutos del IDPAC)

Hoy deseo presentarles el análisis realizado a los capítulos IX y X del modelo de estatutos entregado a las Juntas de Acción Comunal por parte del IDPAC. Este ejercicio se ha llevado a cabo con el objetivo de comprender a profundidad el alcance, coherencia y pertinencia de los artículos propuestos en relación con nuestra realidad organizativa, los principios de participación democrática, y el marco legal vigente. Considero que un estudio detallado de estos capítulos es fundamental para garantizar que cualquier reforma estatutaria fortalezca verdaderamente nuestra organización y no se limite a una aprobación formal sin debate ni comprensión colectiva. 

Como miembros de una comunidad y afiliados activos de una organización de base, tenemos la responsabilidad ética y legal de participar en los procesos de reforma estatutaria, pues los estatutos son la carta de navegación que rige el actuar de la Junta de Acción Comunal. No podemos ser indiferentes a su contenido ni a sus modificaciones, ya que en ellos se define cómo se toman las decisiones, cómo se gestionan los recursos y cómo se protege el interés colectivo. Reformarlos con transparencia, participación y rigor es garantizar que nuestra organización responda a las necesidades reales de la comunidad y esté alineada con los principios de democracia, equidad y legalidad.

Un aspecto crítico del modelo propuesto son los capítulos IX y X, y su la propuesta estatutaria de que los afiliados puedan participar en los beneficios de los proyectos económicos hasta en un 5%. Esto plantea dudas frente a la naturaleza sin ánimo de lucro de las JAC. La Ley 2166 reitera que la Junta de Acción Comunal es una organización sin ánimo de lucro (Art. 7) lo cual significa que sus eventuales excedentes no pueden distribuirse como utilidades a los asociados, sino reinvertirse en el objeto social. En particular, el Artículo 60 de la Ley 2166 establece que “el patrimonio de los organismos de acción comunal no pertenece ni en todo ni en parte a ninguno de los afiliados”, y que el uso o destino de los recursos se acordará colectivamente según los estatutos. Esto prohíbe de forma clara que un afiliado se apropie de parte de los recursos o ganancias de la JAC a título personal.

 

Adicionalmente, la propia Ley 2166, en el ámbito de los emprendimientos comunales, ordena la reinversión total de los excedentes en la comunidad. El Artículo 88 (Parágrafo 1) dispone que “los beneficios, rentabilidad o utilidad del ejercicio de estas actividades económicas serán reinvertidos en proyectos de desarrollo de los organismos de acción comunal y en actividades conexas a su objeto social”. Es decir, toda ganancia generada por una empresa comunal debe destinarse a proyectos comunitarios y al cumplimiento de la misión social de la JAC, no repartirse como lucro privado.

 

Por tanto, un esquema estatutario que otorgue a determinados afiliados hasta un 5% de los beneficios de un proyecto productivo no se alinea con la ley. Distribuir un porcentaje de utilidades a afiliados individuales implicaría desviar parte del patrimonio comunal hacia intereses particulares, quebrantando el principio de prevalencia del interés general consagrado en la ley. Aun si se argumentara que ese 5% es un “incentivo” o contraprestación por el trabajo de ciertos afiliados en el proyecto, se debe tener cuidado: cualquier remuneración por servicios efectivamente prestados (salarios, honorarios) es válida si corresponde a un trabajo real y se paga como gasto operativo, pero no puede calificarse como participación en utilidades. La figura de “participación en beneficios” sugiere reparto de excedentes, lo cual choca con la prohibición legal.

 Cabe mencionar que la Ley 2166 solo prevé beneficios económicos individuales muy limitados y bajo control comunitario. Por ejemplo, el Artículo 39 permite que el representante legal de la JAC perciba, previa autorización estatutaria y de la asamblea, de los recursos propios de la JAC “para gastos de representación”

 Este beneficio está pensado como un reembolso de gastos o estipendio por las funciones representativas, no como un reparto de ganancias. Fuera de esto, la ley no contempla que los afiliados reciban participación directa en las utilidades de las actividades de la JAC. En consecuencia, la cláusula estatutaria del 5% resulta incompatible con la naturaleza jurídica de la JAC. Se recomienda eliminar o reformular dicha disposición. Si la intención es motivar a afiliados que trabajan en proyectos, podría establecerse una figura de pagos por servicios o incentivos previamente aprobados por la Asamblea (por ejemplo, bonificaciones por cumplimiento de metas, siempre justificadas como gastos operativos), pero no un porcentaje fijo de utilidades, ya que jurídicamente las utilidades deben redundar en beneficio de toda la comunidad.

 

Articulo 82 Parágrafo 1.  No se sabe si existe una confusión de terminología o hacen referencia a solo la contratación de personal

 

 1. Contratación

 

Definición:
Es un acto jurídico mediante el cual dos o más partes acuerdan derechos y obligaciones recíprocas para la ejecución de una obra, prestación de un servicio o suministro de bienes, bajo determinadas condiciones.

Características:

  • Implica la firma de un contrato (escrito o verbal).
  • Puede ser pública o privada (ej. contratación estatal vs. contratación interna de una organización).
  • Tiene un objeto y una contraprestación clara (por ejemplo, pagar por construir, comprar o prestar un servicio).
  • Está regulada por normas civiles, comerciales o contractuales (en el caso del Estado, por el Estatuto General de Contratación Pública – Ley 80 de 1993 y Ley 1150 de 2007).
  • Tiene plazos, condiciones, cláusulas, garantías, etc.

Ejemplo:
Una Junta de Acción Comunal firma un contrato con un ingeniero para construir un cerramiento. Eso es contratación.


 2. Inversión

Definición:
Es la asignación de recursos (dinero, bienes, tiempo, etc.) con el objetivo de obtener un beneficio futuro, que puede ser económico o social.

Características:

  • No siempre implica contrato: se puede hacer de forma unilateral o interna (ej. invertir en dotación o maquinaria propia).
  • Tiene un componente de riesgo: no garantiza un retorno inmediato.
  • Puede ser en activos físicos (infraestructura), financieros (acciones, CDT), sociales (formación, eventos) o productivos (proyectos empresariales).
  • Se proyecta a mediano o largo plazo.

Ejemplo:
La JAC destina $10 millones de sus excedentes a invertir en un emprendimiento comunal de reciclaje para generar ingresos sostenibles. Eso es inversión.


Diferencias clave

Concepto

Contratación

Inversión

Objeto

Adquirir un bien o servicio específico

Obtener un beneficio futuro (económico o social)

Naturaleza

Jurídica – contrato

Económica – decisión de uso de recursos

Retorno

Directo e inmediato (ej. entrega de obra)

No inmediato, sujeto a riesgo

Formalidad

Implica contrato

No siempre requiere contrato

Ejemplo legal

Contrato de obra

Compra de maquinaria para emprendimiento


 En contexto de una JAC:

  • Contratar es, por ejemplo, firmar un contrato con un tercero para una obra comunitaria.
  • Invertir es usar recursos propios para financiar un proyecto productivo, de infraestructura o social con fines de beneficio colectivo.

 

 Los artículos 82 y 83 mencionan “límites de contratación establecidos en los estatutos”, pero esos límites no están definidos en el capítulo correspondiente. Esto genera una ambigüedad legal, ya que, sin topes claros de gasto o contratación, se puede incurrir en decisiones por fuera del marco estatutario

.

Sugerencia: deben incorporarse límites explícitos en el capítulo económico o en la sección de funciones de la Comisión Empresarial (ej. hasta 30 SMLV con autorización de la Directiva, más de 100 SMLV con aprobación de la Asamblea

 

 

jueves, 1 de mayo de 2025

GOBERNAR ES CORREGIR , NO REPETIR

 


Una reflexión sobre el deber de mejorar en cada gestión comunitaria


Uno de los principios fundamentales en toda forma de gobierno —incluyendo el comunitario— es el de la continuidad con responsabilidad. La diferencia entre una administración y otra no debería medirse solo en nuevas propuestas o discursos renovados, sino en la capacidad de mejorar lo que se hizo bien y corregir con honestidad aquello que se hizo mal.

En el contexto de las Juntas de Acción Comunal, este principio cobra aún mayor relevancia. Las JAC no son empresas privadas ni plataformas personales: son organizaciones de base, el primer escalón de la democracia participativa, y por tanto deben ser ejemplo de humildad, autocrítica y evolución constante.

Cada gestión debe partir del reconocimiento del trabajo anterior, sin caer en la negación destructiva ni en el continuismo ciego. Corregir errores, aprender de las experiencias pasadas y fortalecer los procesos es el verdadero camino del desarrollo comunitario.

Negar las fallas, esconder los vacíos o repetir prácticas deficientes solo por orgullo o conveniencia es traicionar el propósito mismo de nuestra organización.

Quienes hoy asumen un rol de liderazgo tienen el deber no solo de proponer, sino de escuchar, revisar, ajustar y mejorar. Gobernar no es empezar de cero: es tomar lo bueno y, con visión colectiva, convertirlo en algo aún mejor.

En eso radica la verdadera fuerza transformadora de las organizaciones de base: en su capacidad de renovarse sin olvidar de dónde vienen ni a quiénes representan.

martes, 1 de abril de 2025

TRANSPARENCIA Y HONESTIDAD:PILARES FUNDAMENTALES PARA LAS ORGANIZACIONES DE BASE


Las organizaciones comunitarias, como las Juntas de Acción Comunal (JAC), nacen del corazón de los barrios, de la voluntad colectiva de construir entornos más justos, habitables y humanos. Pero esa noble intención sólo puede sostenerse si está cimentada sobre valores sólidos: transparencia, honestidad y participación activa.

¿Por qué es tan importante la transparencia?

Porque sin ella, la confianza se erosiona. Y una comunidad sin confianza es un terreno infértil para la cooperación. La transparencia no es solo rendir cuentas económicas; es también abrir espacios para el diálogo, garantizar el acceso a la información, permitir que todos conozcan cómo se toman las decisiones y por qué.

Una JAC que informa con claridad sobre su gestión, que comparte su plan de trabajo, que convoca sin exclusiones y que explica en qué se invierten los recursos, fortalece el tejido comunitario.

 La honestidad: más que una virtud, un deber colectivo

En las organizaciones de base, los liderazgos deben ser ejemplares. La honestidad no es opcional. Es el compromiso ético de no usar el poder para beneficio personal, de actuar con coherencia, de no silenciar las voces críticas ni disfrazar la información.

Donde hay honestidad, hay justicia. Donde hay justicia, florece la comunidad.

 Participar también es vigilar

La participación no se limita a votar o asistir a una reunión. Participar también es observar, preguntar, exigir explicaciones, y sobre todo, construir colectivamente.

Cuando una comunidad está informada y activa, ningún poder local se convierte en dueño del barrio. La vigilancia ciudadana no es sospecha, es responsabilidad.

Una invitación a la acción

Desde Amigos de Los Álamos creemos que la transparencia es un acto de amor por la comunidad, que el liderazgo se ejerce con el ejemplo y que el respeto por la verdad debe estar por encima de cualquier interés.

Invitamos a todos los vecinos y vecinas a ser parte activa de este proceso: a preguntar, a aportar, a construir desde la palabra clara y el gesto honesto.

Porque solo así, con claridad en el alma y firmeza en el paso, las JAC pueden seguir siendo espacios legítimos de transformación social.

miércoles, 12 de marzo de 2025

Cuando la naturaleza es reemplazada por basura: una alerta desde nuestros barrios

 

En muchos rincones de nuestros barrios, las zonas comunes —esas que deberían ser espacios para el encuentro, el juego y el descanso— hoy están marcadas por el abandono. Donde antes había árboles, césped o jardineras, hoy se acumulan bolsas de basura, escombros y restos que nos gritan una dura verdad: hemos perdido el sentido de pertenencia.

El problema no es solo estético. Cuando dejamos que el descuido se instale, abrimos la puerta para que otros males lleguen con facilidad: la delincuencia, el miedo, la desconfianza entre vecinos. Un lugar sucio y olvidado comunica que no hay quien lo cuide, que es tierra de nadie. Y donde no hay comunidad activa, los grupos que sí actúan —aunque sea desde la ilegalidad— ganan terreno.

¿Cómo llegamos aquí?

No es un hecho aislado. La basura que se tira en una esquina y no se recoge, pronto se convierte en un punto crítico. El parque donde ya nadie juega se transforma en botadero o refugio de actos delictivos. Y así, lo común se va perdiendo. Nos acostumbramos a convivir con el deterioro, a mirar hacia otro lado, a decir “eso no me toca a mí”.

Pero sí nos toca. Porque el barrio es nuestro reflejo.

¿Qué podemos hacer?

Volver a sembrar árboles, limpiar una esquina, denunciar a tiempo, hablar con el vecino, participar en la Junta, involucrarnos en una jornada comunitaria… cada acción, por pequeña que sea, recupera terreno para la vida y aleja a la violencia y al abandono.

No se trata solo de recoger la basura física, sino también la indiferencia que ha echado raíces. Es momento de recordar que la seguridad no comienza con más cámaras o policías, sino con el compromiso real por cuidar lo que es de todos.



  "La normalización del chantaje: una enfermedad que corroe desde lo más alto hasta lo más cercano" Vivimos tiempos donde el chan...